
Con la Nueva Era (New Age para los anglófilos) pasa como con otros movimientos culturales de la Historia: Tiene su detractores y sus seguidores, pero ni aquellos que no se enteran de que existe o les da igual se sustraen a su influencia y a los cambios que produce su paso en la vida de los hombres.
En la época del romanticismo, por ejemplo, había muchos coetáneos de los románticos que no se tenían por tales, y una gran cantidad de la población ni sabía qué era eso. Pero hasta los ignorantes estaban impregnados de ese “nuevo sentir” y hasta los antirrománticos se veían en la obligación de ponerse en contra. Es decir, tenían que reaccionar, aquel “mal” no pasaba de ningún modo desapercibido.
Naturalmente, la pasión romántica y sus excesos se aplacaron y pasaron; mas perduraron los cambios producidos en la mentalidad de las gentes que lo vivieron y en la de los que vinimos después. Creo que con la Nueva Era sucede algo parecido: Quizá todo su vocabulario (Karma, vidas pasadas, niños índigo, equilibrio enérgetico, espiritualidad oriental, feng shui, maestros ascendidos, Kryón, etc.), sus creencias y toda la gente que bienvive o malvive de ellas (unos, desde luego, menos trigo limpio que otros, de todo hay, como siempre, en la “viña del Señor”) pasarán de moda, o se minimizarán o algo parecido, en fin, el tiempo lo pondrá todo en su sitio. Pero esta Nueva Forma de entender la vida está produciendo cambios en las costumbres, en las actitudes y en los comportamientos de todo el occidente desarrollado, incluso en el de aquellos que se esfuerzan por rebatirlo o por ignorarlo:
La importancia de la paz, la relajación y la armonía dentro de uno mismo y con el entorno, la relación entre la mente y la salud, la relevancia del pensamiento grupal y la mentalidad positiva en el desarrollo de cada uno como individuo y del ser humano como especie son cosas en vía de hacerse indiscutibles para nosotros, los viajantes del mundo en el siglo XXI.
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