Ayer vino una alumna mía del año pasado al departamento para decirme que me echa de menos como profesora de lengua y que ojalá volvamos a compartir aula el curso que viene. Es una chica inteligente, trabajadora y sensible, sus comentarios me llegaron al alma. Me creí alimentada emocionalmente ya por lo menos para tres meses.
Hoy, una alumna que no se caracteriza precisamente por su amabilidad, me ha dicho que mi clase es la más aburrida de todas las que tiene en su nivel, segundo de la ESO. No sentí absolutamente nada, ni frío ni calor, pero intenté extraer la parte positiva de su dudosamente saludable sinceridad aparente para obtener información:
-¿Y por qué es aburrida esta clase?
La alumna contestó sin dudar:
-Porque en esta clase estamos siempre leyendo y escribiendo, leyendo y escribiendo, y eso es un rollo, profe.
Mi reacción fue tan instintiva que, la verdad, mi pregunta salió sola:
-¿Y en las otras clases no leéis ni escribís?
Recuerdo al posible lector que hablamos de un curso de segundo de la ESO, es decir, niños entre
trece y catorce años, algunos ya con quince, incluso los hay con dieciséis.
La alumna respondió con absoluta seguridad:
-Noooo, nada de nada.
-Pues... entonces ¿qué hacéis?
-Jugamos, rellenamos fichas, coloreamos mapas... Y hacemos figuritas de papel.
Bueno, futuros aspirantes a políticos en las elecciones venideras, no os gastéis el dinero en folletos, que nadie va a leer, ni hagáis discursos, que nadie va a entender... El futuro político de nuestro país dependerá del empeño que pongáis en elegir vuestros colorines.
Preparaos para dirigir un gran parvulario nacional.
4 comentarios:
Algún irresponsable, algún fatídico día, sin que nos enterásemos cómo ni cuándo, les dijo a estas pequeñas criaturas que a la escuela se va a jugar, a pasárselo bien, a aprender sin esfuerzo ni compromiso, así como por ciencia infusa. Y claro, las pequeñas criaturas, cuando entras a dar tu clase de lengua, te preguntan: ¿Por qué nunca nos sacas al patio, "profe de lengua"?
¡Olé nuestro oficio! Señores, de verdad que nuestro trabajo es el más bonito del mundo. Sólo aceptaría que se nos acerca el de cantautor, porque a él le aplauden. Pero si descartamos esa vanidad, nada se compara a ser profesor de instituto.
Tenemos la suerte de dar clase en la escuela pública, donde no tenemos el aliento de la madre superiora en la nuca. De trabajar de lo que hemos estudiado y de además producir en las caras de la gente la iluminación del "¡ya lo he entendido!". Y además tratamos con la edad en que las personas aún dicen las verdades sin pensar si eso las benficia o no.
Tampoco nos creamos todo lo que los chavales dicen; yo no me creo que en otras asignaturas coloreen fichas. Pero aun así, si lo hicieran, eso a nosotros nos da igual. Los chavales han tenido la suerte de conocer a unos tíos chulos como nosotros que les explicamos el mundo a través de las palabras, que serán la última cosa que tendrán gratis cuando por todo lo demás tengan que pagar.
Salud y educación para todos,
Jesús
Entiendo tú necesidad, Jesús, de verle lo positivo a nuestras circunstancias de trabajo, para crear mejor "rollo" y para darnos ánimos... Además, a veces se ha pasado tan mal en la vida antes de conseguir un sueldo fijo o se ha luchado tanto para conseguirlo que es aún más difícil asumir que nuestra ilusión anterior choque con la realidad de que lo que ahora tenemos no es precisamente lo que nos habíamos imaginado cuando vivíamos tiempos peores.
Pero ser positivo no excluye reconocer cómo es la realidad, ya que esa es la única forma de ver lo que va mal, para así plantearse posibles soluciones... Aunque, seguro que debe tener sus ventajas quedarse a vivir con Peter Pan en el país de Nunca Jamás y de los cuentos de hadas.
Yo, por mi parte, no quiero ser una "tía chula", sino lo que soy: una profesora, porque he estudiado para ser eso y no para animadora social, celadora, payasete o poli de guardería.
Y respecto a que ya no tenemos el aliento de la madre superiora en la nuca, yo que tú procuraría no volver la cabeza muy deprisa, no sea que te lleves alguna sorpresa.
A lo mejor te gustaría leer mi post en este mismo blog que se llama "Profes y desequilibrio".
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