Ayer vino una alumna mía del año pasado al departamento para decirme que me echa de menos como profesora de lengua y que ojalá volvamos a compartir aula el curso que viene. Es una chica inteligente, trabajadora y sensible, sus comentarios me llegaron al alma. Me creí alimentada emocionalmente ya por lo menos para tres meses.
Hoy, una alumna que no se caracteriza precisamente por su amabilidad, me ha dicho que mi clase es la más aburrida de todas las que tiene en su nivel, segundo de la ESO. No sentí absolutamente nada, ni frío ni calor, pero intenté extraer la parte positiva de su dudosamente saludable sinceridad aparente para obtener información:
-¿Y por qué es aburrida esta clase?
La alumna contestó sin dudar:
-Porque en esta clase estamos siempre leyendo y escribiendo, leyendo y escribiendo, y eso es un rollo, profe.
Mi reacción fue tan instintiva que, la verdad, mi pregunta salió sola:
-¿Y en las otras clases no leéis ni escribís?
Recuerdo al posible lector que hablamos de un curso de segundo de la ESO, es decir, niños entre
trece y catorce años, algunos ya con quince, incluso los hay con dieciséis.
La alumna respondió con absoluta seguridad:
-Noooo, nada de nada.
-Pues... entonces ¿qué hacéis?
-Jugamos, rellenamos fichas, coloreamos mapas... Y hacemos figuritas de papel.
Bueno, futuros aspirantes a políticos en las elecciones venideras, no os gastéis el dinero en folletos, que nadie va a leer, ni hagáis discursos, que nadie va a entender... El futuro político de nuestro país dependerá del empeño que pongáis en elegir vuestros colorines.
Preparaos para dirigir un gran parvulario nacional.
15/1/08
DECÁLOGO DEL PERFECTO CUENTISTA (Horacio Quiroga)

I) Cree en el maestro Poe, Maupassant, Kipling, Chejov como en Dios mismo.
II) Cree que tu arte es una cima inaccesible. No sueñes en dominarla. Cuando puedas hacerlo lo conseguirás, sin saberlo tú mismo.
III) Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que cualquier otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.
IV) Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.
V) No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adonde vas. En un cuento bien logrado las tres primeras líneas tienen casi la misma importancia que las tres últimas.
VI) Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río soplaba un viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla.
VII) No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.
VIII) Toma los personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta aunque no lo sea.
IX) No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirlo tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.
X) No pienses en los amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento.
II) Cree que tu arte es una cima inaccesible. No sueñes en dominarla. Cuando puedas hacerlo lo conseguirás, sin saberlo tú mismo.
III) Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que cualquier otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.
IV) Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.
V) No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adonde vas. En un cuento bien logrado las tres primeras líneas tienen casi la misma importancia que las tres últimas.
VI) Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río soplaba un viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla.
VII) No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.
VIII) Toma los personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta aunque no lo sea.
IX) No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirlo tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.
X) No pienses en los amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento.
"Del horrible peligro de la lectura" de Voltaire

A través de una sátira, un supuesto edicto turco, Voltaire plantea lo conveniente que es para ciertos tipos de gobierno mantener al pueblo en la ignorancia, una idea poco nueva pero a menudo muy olvidada:
"De l'horrible danger de la lecture, Voltaire "-- Traducción de Malika Embarek
Nos, Yúsuf Cheribi, por la gracia de Dios, muftí del santo imperio otomano, luz de las luces, elegido entre los elegidos, a todos los fieles que la presente vean, necedad y bendición.
Como fuera que Saíd Effendi, antiguo embajador de la Sublime Puerta ante un pequeño Estado denominado Frankrom, situado entre España e Italia, introdujo entre nosotros el uso pernicioso de la imprenta, y, habiendo consultado acerca de esta novedad a nuestros venerables hermanos, los cadíes e imanes de la ciudad imperial de Estanbul, y sobre todo a los alfaquíes conocidos por su celo contra el ejercicio de la razón, ha parecido oportuno a Mahoma y a Nos condenar, proscribir y anatemizar el mencionado invento infernal de la imprenta por las causas que a continuación se enumeran.
1º Esa facilidad para comunicar los pensamientos tiende evidentemente a disipar la ignorancia, que es custodia y salvaguardia de los Estado civilizados.
2º Es de temer que entre los libros traídos de Occidente se hallen algunos que versen sobre la agricultura y sobre los medios de perfeccionar las artes mecánicas, obras éstas que a la larga podrían (Dios nos libre) despertar el genio de nuestros cultivadores y de nuestros manufactureros, mejorar sus habilidades, aumentar sus riquezas e inspirarles algún día la elevación del alma y cierto amor por el bien público, sentimientos absolutamente opuestos a la sana doctrina.
3º Ocurriría a la larga que tendríamos unos libros de historia desligados del ámbito de lo maravilloso, que es lo que mantiene a la nación en una feliz estupidez; esos mismos libros otorgarían la desvergüenza de impartir justicia sobre las buenas y malas acciones, y aconsejarían la equidad y el amor por la patria, extremos ambos visiblemente opuestos a los derechos que imperan en esta nuestra plaza.
4º Podría ocurrir, con la sucesión de los tiempos, que unos miserables filósofos, amparados en el pretexto seductor, mas punible, de iluminar a los hombres y hacerlos mejores, llegasen a enseñarnos unas virtudes peligrosas de las que el pueblo no debe jamás tener conocimiento.
5º Podrían, al acrecentar el respeto que sienten por Dios e imprimir escandalosamente sobre papel que Él llena todo con su presencia, disminuir el número de peregrinos a La Meca, con gran perjuicio de la salvación de las almas.
6º Ocurriría, sin duda, que, de tanto leer a los autores occidentales que trataron en sus escritos de las enfermedades contagiosas y de la manera de prevenirlas, fuésemos lo suficientemente desafortunados como para preservarnos de la peste, lo que constituiría un grave atentado a los designios de la Providencia.
Por estas y otras causas, en nombre de la edificación de los fieles y del bienestar de sus almas, les prohibimos que lean jamás ningún libro, so pena de condena eterna. Y, por miedo a que la tentación diabólica les dé por instruirse, prohibimos asimismo a los padres y madres que enseñen a leer a sus hijos. Y, para evitar cualquier infracción de nuestra ordenanza, les prohibimos expresamente que piensen, bajo las mismas penas, instando a los verdaderos creyentes a denunciar ante nuestras autoridades a cualquiera que pronuncie cuatro frases unidas entre sí, de las que se pueda inferir un sentido claro y preciso. Ordenamos, pues, que en todas las conversaciones se utilicen términos que no signifiquen nada, según la antigua usanza de la Sublime Puerta.
Y, para impedir que ingrese de contrabando algún pensamiento en la sagrada ciudad imperial, encomendamos especialmente esta tarea al primer médico de Su Alteza, nacido en una marisma del Occidente septentrional, médico que, habiendo ya matado a cuatro personas augustas de la familia otomana, es el principal interesado en prevenir cualquier entrada de conocimientos en el país, otorgándole el poder, por la presente, de secuestrar cualquier idea que se presente por medio de escrito o de boca ante las puertas de la ciudad, y de conducir a dicha idea ante Nos, atada de pies y manos, para que le inflijamos el castigo que se nos antoje.
Dada en nuestro palacio de la Estulticia, en el séptimo día de la luna de muharram del año 1143 de la Hégira.
Nos, Yúsuf Cheribi, por la gracia de Dios, muftí del santo imperio otomano, luz de las luces, elegido entre los elegidos, a todos los fieles que la presente vean, necedad y bendición.
Como fuera que Saíd Effendi, antiguo embajador de la Sublime Puerta ante un pequeño Estado denominado Frankrom, situado entre España e Italia, introdujo entre nosotros el uso pernicioso de la imprenta, y, habiendo consultado acerca de esta novedad a nuestros venerables hermanos, los cadíes e imanes de la ciudad imperial de Estanbul, y sobre todo a los alfaquíes conocidos por su celo contra el ejercicio de la razón, ha parecido oportuno a Mahoma y a Nos condenar, proscribir y anatemizar el mencionado invento infernal de la imprenta por las causas que a continuación se enumeran.
1º Esa facilidad para comunicar los pensamientos tiende evidentemente a disipar la ignorancia, que es custodia y salvaguardia de los Estado civilizados.
2º Es de temer que entre los libros traídos de Occidente se hallen algunos que versen sobre la agricultura y sobre los medios de perfeccionar las artes mecánicas, obras éstas que a la larga podrían (Dios nos libre) despertar el genio de nuestros cultivadores y de nuestros manufactureros, mejorar sus habilidades, aumentar sus riquezas e inspirarles algún día la elevación del alma y cierto amor por el bien público, sentimientos absolutamente opuestos a la sana doctrina.
3º Ocurriría a la larga que tendríamos unos libros de historia desligados del ámbito de lo maravilloso, que es lo que mantiene a la nación en una feliz estupidez; esos mismos libros otorgarían la desvergüenza de impartir justicia sobre las buenas y malas acciones, y aconsejarían la equidad y el amor por la patria, extremos ambos visiblemente opuestos a los derechos que imperan en esta nuestra plaza.
4º Podría ocurrir, con la sucesión de los tiempos, que unos miserables filósofos, amparados en el pretexto seductor, mas punible, de iluminar a los hombres y hacerlos mejores, llegasen a enseñarnos unas virtudes peligrosas de las que el pueblo no debe jamás tener conocimiento.
5º Podrían, al acrecentar el respeto que sienten por Dios e imprimir escandalosamente sobre papel que Él llena todo con su presencia, disminuir el número de peregrinos a La Meca, con gran perjuicio de la salvación de las almas.
6º Ocurriría, sin duda, que, de tanto leer a los autores occidentales que trataron en sus escritos de las enfermedades contagiosas y de la manera de prevenirlas, fuésemos lo suficientemente desafortunados como para preservarnos de la peste, lo que constituiría un grave atentado a los designios de la Providencia.
Por estas y otras causas, en nombre de la edificación de los fieles y del bienestar de sus almas, les prohibimos que lean jamás ningún libro, so pena de condena eterna. Y, por miedo a que la tentación diabólica les dé por instruirse, prohibimos asimismo a los padres y madres que enseñen a leer a sus hijos. Y, para evitar cualquier infracción de nuestra ordenanza, les prohibimos expresamente que piensen, bajo las mismas penas, instando a los verdaderos creyentes a denunciar ante nuestras autoridades a cualquiera que pronuncie cuatro frases unidas entre sí, de las que se pueda inferir un sentido claro y preciso. Ordenamos, pues, que en todas las conversaciones se utilicen términos que no signifiquen nada, según la antigua usanza de la Sublime Puerta.
Y, para impedir que ingrese de contrabando algún pensamiento en la sagrada ciudad imperial, encomendamos especialmente esta tarea al primer médico de Su Alteza, nacido en una marisma del Occidente septentrional, médico que, habiendo ya matado a cuatro personas augustas de la familia otomana, es el principal interesado en prevenir cualquier entrada de conocimientos en el país, otorgándole el poder, por la presente, de secuestrar cualquier idea que se presente por medio de escrito o de boca ante las puertas de la ciudad, y de conducir a dicha idea ante Nos, atada de pies y manos, para que le inflijamos el castigo que se nos antoje.
Dada en nuestro palacio de la Estulticia, en el séptimo día de la luna de muharram del año 1143 de la Hégira.
El Cowboy o Simbad : ¿Quién vencerá en la globalización?

Discurso de Fátima Mernissi para la ceremonia de entrega del Premio Príncipe de Asturias:
1.- ¿Por qué tenemos miedo al extranjero? Porque tememos que nos agreda y nos lastime. Todos tenemos miedo al Cowboy porque si un desdichado extranjero se acerca a sus fronteras, automáticamente saca sus revólveres. Sin embargo, no tenemos miedo a Simbad el Marino porque en los Cuentos de las mil y una noches, los Ouççaç (narradores públicos) contaban, en el Bagdad del siglo IX, que la suerte de poder viajar a islas lejanas y comunicarse con los extranjeros, le daba placeres y beneficios. En la civilización del Cowboy el extranjero siempre es el enemigo porque el poder y la gloria proceden del control de las fronteras; en la de Simbad, sin embargo, el diálogo con el extranjero enriquece.
1.1.- Simbad es lo contrario de un emigrante. Siempre regresa a su punto de partida, que es Bagdad. En sus siete viajes, sale en barca de Bagdad, Tigris abajo, hasta el puerto de Basora, desde donde parte, cuando el monzón sopla de occidente a oriente, a bordo de navíos, repletos de mercaderes árabes o persas, que surcan el océano Ìndico hasta los puertos de las islas de Malasia, Indonesia y China. Simbad, y los mercaderes que lograban sobrevivir a los naufragios, permanecían en los puertos asiáticos seis u ocho meses, esperando la estación en la que el monzón fuera favorable y soplara del este hacia el oeste. Pero Simbad no era una mera ficción, representaba a una clase de mercaderes de Bagdad que obtenía riqueza y placer de los viajes y de la comunicación con el extranjero:
1.1.1.- Prueba de ello es que, si consultan un diccionario francés o inglés, comprobarán que la palabra monzón es de origen árabe, viene de mawassim (estaciones).
1.1.2.- Otra prueba es que Simbad representaba a toda una civilización de viajeros-comunicadores y que la islamización de Malasia, Indonesia y parte de China no se logró con ejércitos, sino fundamentalmente gracias a los mercaderes Sufíes que hablaban de su nueva religión: un Islam donde el extranjero es el mejor aliado, un Islam Sufi que se resume en las tres postales que les han repartido:
Postal N°l-Versículo 34 de Surat 41: “Responde a la agresividad con bondad.”.
Postal N°2-Ibn’Arabi: “El ojo es como un espejo: el espejo es único pero, en el ojo del que mira, las imágenes son múltiples”.
Postal N°3-Ibn’Arabi: “Mi religión es el amor” lo que significa que si el jefe me dice que el Islam es la violencia, está hablando de otra religión, no de la mía.
2.- Pero ¡Cuidado! No identifiquen automáticamente al Cowboy con la civilización americana y a Simbad con la árabe; de lo que yo quiero hablar aquí es del modelo de extranjero: ¿quién tiene el increíble poder de controlar nuestro imaginario haciéndonos percibir al extranjero como un ser maléfico (modelo Cowboy) o bondadoso (modelo Simbad)? Quiero sugerir la hipótesis de que nuestro modelo de extranjero nos viene impuesto por los intereses de la élite que controla el estado y su máquina burocrática; si Simbad representa un héroe en el Bagdad del siglo IX y, concretamente en el reinado del Califa Harun er-Rachid, es porque en aquel momento el Estado era todavía incipiente y la élite dirigente podía acumular riquezas y poder gracias a un Islam que en esencia era una estrategia de comunicación.
3.- Pero un siglo más tarde, en la misma dinastía Abasida que seguía reinando en Bagdad, aparece un Califa Cowboy: al-Mu’tadid, que declaró la guerra a Simbad, prohibió a los Musulmanes el acceso a los especialistas que enseñaban el arte del diálogo y censuró los libros que explicaban las técnicas de comunicación. ¿Por qué? Porque nuestro Califa Cowboy tenía a su disposición un formidable Estado con una burocracia imperial creada por los consejeros persas. Los califas árabes, que procedían de la tradición nómada y lo ignoraban todo del estado centralizado, habían encontrado en los Persas a unos campeones de la ingeniería y la burocracia imperial. Mu’tadid, nuestro califa cowboy, disponía de una formidable estructura policial, reforzada con espías, para vigilar a la población de Bagdad y de una temible fuerza militar para vencer al extranjero. Vamos a leer juntos la declaración de guerra del Califa cowboy contra Simbad para poder entender algo muy importante en un planeta condenado a la globalización: el deseo de aterrorizar a los extranjeros nunca es un deseo del pueblo sino de las mafias que fabrican las armas y se las confían a espías y policías:
«Durante ese año 279 de la hégira (siglo X del calendario cristiano) se decretó (nudia) en las calles de Bagdad por orden del Sultán del Islam (sultan al muslimin) alMu’tadid que a partir de ese momento quedaba prohibido a los narradores públicos (quççaç), portavoces de las sectas (turuqiya) y astrólogos… apostarse en las calles o hablar en las mezquitas. Y se prohibió a los libreros vender libros de retórica (kalam), filosofía (falsafa) y Jadal (técnicas del diálogo)».(Fuente : el historiador Ibn Katir en su libro El principio y el fin (Al bidaya wa nihaya), volumen Il, año 279. Ibn Katir en 774 de la hégira , (Siglo XIV)
Conclusión: Es posible imaginar, tomando como modelo a Simbad, una globalización en la que el papel de los estados consista en facilitar a los ciudadanos el conocimiento de las técnicas de comunicación y el arte de la navegación y del viaje; porque Simbad, como ya he dicho, es lo contrario del emigrante. Siempre regresa a Bagdad. Pero ¿de dónde se sacaría el dinero para enseñar las técnicas de comunicación a los ciudadanos? Bastaría con transferir el dinero que los cowboys destinan a fabricar armas para espías, policías y soldados, a las instituciones que enseñan el arte del diálogo. ¿Quién va a perder con este cambio? Los ciudadanos no, desde luego.
TEXTOS ANEXOS
-“Responde a tu agresor con bondad y verás como tu peor enemigo se transforma en un amigo muy cercano”.Corán, versículo 34 de la Surat 41 (Fuçilat)
El fulgurante esplendor del Islam desde 622, primer año del calendario musulmán que coincide con la hégira, la emigración del profeta de la Meca (su ciudad natal) para buscar aliados en Medina, se explica más por el desarrollo del Jadal, el arte de dialogar con el adversario, que por las conquistas militares. Entre los siglos VII y X, Imanes y sabios escribieron centenares de tratados del Jadal para enseñarles a los musulmanes la estrategia de la comunicación. Esto explica, según el filósofo marroquí Taha Abderahman, que la lengua árabe posea 18 palabras para decir diálogo (los orígenes del diálogo “fi-uçul al hiwar”). La derrota de los árabes en España se debió, según Ibn Khaldun (1332-1406) , cuya familia fue expulsada de Andalucía tras la caída de Sevilla en 1248, a que habían dejado de enseñar el arte del diálogo a sus descendientes. ¿Relanzarán el Jadal las 140 televisiones árabes que emiten vía satélite? Podemos pensar que sí, a juzgar por la popularidad de Fayçal al Qacem, la estrella de Al Jazeera que ha basado en él su talk-show (magazine) “al-Itijah al-Mu’akiss” (la opinión contraria).El espejo de Ibn’Arabi
-“El espejo es único, pero en el ojo del observador las imágenes son múltiples” Ibn’Arabi, de su libro “La joyas de la sabiduría” (Fuçuç al hikam)
Según Ibn’Arabi, la diversidad de los seres humanos refleja la propia esencia divina (el espejo), de ahí la necesidad del safar (el viaje) recomendado por los Sufíes como medio de autoconocimiento. Sólo nos conocemos cuando nos enfrentamos a la diferencia.
Ibn’Arabi es un gran Sufí (místico musulmán) de la España Andalusí; nació en Murcia, en 1185 (año 560 del calendario musulmán) y murió en Damasco en 1240.
¿Resucitará la televisión por satélite el mundo que soñó Ibn’Arabí, un mundo enriquecido por sus diferencias y en el que las personas buscan el diálogo con los extranjeros para conocerse a sí mismas?Poema de Ibn’Arabi
-“Creo en la religión del amor, vayan adonde vayan sus caravanas. Pues el amor es mi religión y mi fe."del “Intérprete de los deseos” (torjomano al achwaki) escrito en 1202 en la Meca)
El sueño de Ibn’Arabi, un mundo gobernado por el amor, que incremente el deseo de comunicar y reduzca el potencial de violencia, cobra más fuerza que nunca gracias a la explosión de las televisiones árabes que emiten vía satélite y que en la actualidad ascienden a 140.
1.- ¿Por qué tenemos miedo al extranjero? Porque tememos que nos agreda y nos lastime. Todos tenemos miedo al Cowboy porque si un desdichado extranjero se acerca a sus fronteras, automáticamente saca sus revólveres. Sin embargo, no tenemos miedo a Simbad el Marino porque en los Cuentos de las mil y una noches, los Ouççaç (narradores públicos) contaban, en el Bagdad del siglo IX, que la suerte de poder viajar a islas lejanas y comunicarse con los extranjeros, le daba placeres y beneficios. En la civilización del Cowboy el extranjero siempre es el enemigo porque el poder y la gloria proceden del control de las fronteras; en la de Simbad, sin embargo, el diálogo con el extranjero enriquece.
1.1.- Simbad es lo contrario de un emigrante. Siempre regresa a su punto de partida, que es Bagdad. En sus siete viajes, sale en barca de Bagdad, Tigris abajo, hasta el puerto de Basora, desde donde parte, cuando el monzón sopla de occidente a oriente, a bordo de navíos, repletos de mercaderes árabes o persas, que surcan el océano Ìndico hasta los puertos de las islas de Malasia, Indonesia y China. Simbad, y los mercaderes que lograban sobrevivir a los naufragios, permanecían en los puertos asiáticos seis u ocho meses, esperando la estación en la que el monzón fuera favorable y soplara del este hacia el oeste. Pero Simbad no era una mera ficción, representaba a una clase de mercaderes de Bagdad que obtenía riqueza y placer de los viajes y de la comunicación con el extranjero:
1.1.1.- Prueba de ello es que, si consultan un diccionario francés o inglés, comprobarán que la palabra monzón es de origen árabe, viene de mawassim (estaciones).
1.1.2.- Otra prueba es que Simbad representaba a toda una civilización de viajeros-comunicadores y que la islamización de Malasia, Indonesia y parte de China no se logró con ejércitos, sino fundamentalmente gracias a los mercaderes Sufíes que hablaban de su nueva religión: un Islam donde el extranjero es el mejor aliado, un Islam Sufi que se resume en las tres postales que les han repartido:
Postal N°l-Versículo 34 de Surat 41: “Responde a la agresividad con bondad.”.
Postal N°2-Ibn’Arabi: “El ojo es como un espejo: el espejo es único pero, en el ojo del que mira, las imágenes son múltiples”.
Postal N°3-Ibn’Arabi: “Mi religión es el amor” lo que significa que si el jefe me dice que el Islam es la violencia, está hablando de otra religión, no de la mía.
2.- Pero ¡Cuidado! No identifiquen automáticamente al Cowboy con la civilización americana y a Simbad con la árabe; de lo que yo quiero hablar aquí es del modelo de extranjero: ¿quién tiene el increíble poder de controlar nuestro imaginario haciéndonos percibir al extranjero como un ser maléfico (modelo Cowboy) o bondadoso (modelo Simbad)? Quiero sugerir la hipótesis de que nuestro modelo de extranjero nos viene impuesto por los intereses de la élite que controla el estado y su máquina burocrática; si Simbad representa un héroe en el Bagdad del siglo IX y, concretamente en el reinado del Califa Harun er-Rachid, es porque en aquel momento el Estado era todavía incipiente y la élite dirigente podía acumular riquezas y poder gracias a un Islam que en esencia era una estrategia de comunicación.
3.- Pero un siglo más tarde, en la misma dinastía Abasida que seguía reinando en Bagdad, aparece un Califa Cowboy: al-Mu’tadid, que declaró la guerra a Simbad, prohibió a los Musulmanes el acceso a los especialistas que enseñaban el arte del diálogo y censuró los libros que explicaban las técnicas de comunicación. ¿Por qué? Porque nuestro Califa Cowboy tenía a su disposición un formidable Estado con una burocracia imperial creada por los consejeros persas. Los califas árabes, que procedían de la tradición nómada y lo ignoraban todo del estado centralizado, habían encontrado en los Persas a unos campeones de la ingeniería y la burocracia imperial. Mu’tadid, nuestro califa cowboy, disponía de una formidable estructura policial, reforzada con espías, para vigilar a la población de Bagdad y de una temible fuerza militar para vencer al extranjero. Vamos a leer juntos la declaración de guerra del Califa cowboy contra Simbad para poder entender algo muy importante en un planeta condenado a la globalización: el deseo de aterrorizar a los extranjeros nunca es un deseo del pueblo sino de las mafias que fabrican las armas y se las confían a espías y policías:
«Durante ese año 279 de la hégira (siglo X del calendario cristiano) se decretó (nudia) en las calles de Bagdad por orden del Sultán del Islam (sultan al muslimin) alMu’tadid que a partir de ese momento quedaba prohibido a los narradores públicos (quççaç), portavoces de las sectas (turuqiya) y astrólogos… apostarse en las calles o hablar en las mezquitas. Y se prohibió a los libreros vender libros de retórica (kalam), filosofía (falsafa) y Jadal (técnicas del diálogo)».(Fuente : el historiador Ibn Katir en su libro El principio y el fin (Al bidaya wa nihaya), volumen Il, año 279. Ibn Katir en 774 de la hégira , (Siglo XIV)
Conclusión: Es posible imaginar, tomando como modelo a Simbad, una globalización en la que el papel de los estados consista en facilitar a los ciudadanos el conocimiento de las técnicas de comunicación y el arte de la navegación y del viaje; porque Simbad, como ya he dicho, es lo contrario del emigrante. Siempre regresa a Bagdad. Pero ¿de dónde se sacaría el dinero para enseñar las técnicas de comunicación a los ciudadanos? Bastaría con transferir el dinero que los cowboys destinan a fabricar armas para espías, policías y soldados, a las instituciones que enseñan el arte del diálogo. ¿Quién va a perder con este cambio? Los ciudadanos no, desde luego.
TEXTOS ANEXOS
-“Responde a tu agresor con bondad y verás como tu peor enemigo se transforma en un amigo muy cercano”.Corán, versículo 34 de la Surat 41 (Fuçilat)
El fulgurante esplendor del Islam desde 622, primer año del calendario musulmán que coincide con la hégira, la emigración del profeta de la Meca (su ciudad natal) para buscar aliados en Medina, se explica más por el desarrollo del Jadal, el arte de dialogar con el adversario, que por las conquistas militares. Entre los siglos VII y X, Imanes y sabios escribieron centenares de tratados del Jadal para enseñarles a los musulmanes la estrategia de la comunicación. Esto explica, según el filósofo marroquí Taha Abderahman, que la lengua árabe posea 18 palabras para decir diálogo (los orígenes del diálogo “fi-uçul al hiwar”). La derrota de los árabes en España se debió, según Ibn Khaldun (1332-1406) , cuya familia fue expulsada de Andalucía tras la caída de Sevilla en 1248, a que habían dejado de enseñar el arte del diálogo a sus descendientes. ¿Relanzarán el Jadal las 140 televisiones árabes que emiten vía satélite? Podemos pensar que sí, a juzgar por la popularidad de Fayçal al Qacem, la estrella de Al Jazeera que ha basado en él su talk-show (magazine) “al-Itijah al-Mu’akiss” (la opinión contraria).El espejo de Ibn’Arabi
-“El espejo es único, pero en el ojo del observador las imágenes son múltiples” Ibn’Arabi, de su libro “La joyas de la sabiduría” (Fuçuç al hikam)
Según Ibn’Arabi, la diversidad de los seres humanos refleja la propia esencia divina (el espejo), de ahí la necesidad del safar (el viaje) recomendado por los Sufíes como medio de autoconocimiento. Sólo nos conocemos cuando nos enfrentamos a la diferencia.
Ibn’Arabi es un gran Sufí (místico musulmán) de la España Andalusí; nació en Murcia, en 1185 (año 560 del calendario musulmán) y murió en Damasco en 1240.
¿Resucitará la televisión por satélite el mundo que soñó Ibn’Arabí, un mundo enriquecido por sus diferencias y en el que las personas buscan el diálogo con los extranjeros para conocerse a sí mismas?Poema de Ibn’Arabi
-“Creo en la religión del amor, vayan adonde vayan sus caravanas. Pues el amor es mi religión y mi fe."del “Intérprete de los deseos” (torjomano al achwaki) escrito en 1202 en la Meca)
El sueño de Ibn’Arabi, un mundo gobernado por el amor, que incremente el deseo de comunicar y reduzca el potencial de violencia, cobra más fuerza que nunca gracias a la explosión de las televisiones árabes que emiten vía satélite y que en la actualidad ascienden a 140.
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